Es cierto que cuando uno se va de su país, sea por el tiempo que sea, echa de menos numerosas cosas: amigos, familia, aficiones, costumbres, lugares, comidas, olores como el del mar… Sin embargo, suena paradójico que viviendo en la era cuyo epicentro podríamos identificar como Internet alguien pueda sentir nostalgia por la música de su país.
Y con esto a lo que me refiero no es más ni menos que a lo que a mí me ocurre. Tanto cuando vivía en Inglaterra como ahora que me encuentro en Canadá, la cantidad de música que escuchaba y escucho en español aumenta de manera considerable.
Algunos pensarán que se trata de simple nostalgia por el propio idioma, e incluso yo llegué a pensar eso estando en Southampton, pero ahora que estoy aquí me doy cuenta de que no. Sencillamente porque aquí la cantidad de inglés y español que hablo al día están bastante igualadas. Incluso pensándolo bien, creo que a lo largo del día utilizo más mi lengua natal, ya que no solo tengo que impartir los seminarios completamente en español, sino que además muchos de mis compañeros también son de procedencia hispana. Por no mencionar que una vez que llego a casa toda la comunicación que tengo a través de Msn o Skype vuelve a ser en español.
La verdad es que después de mucho pensarlo, creo que en realidad todo tiene un origen relacionado con las raíces de cada persona.
Cuando te mudas al extranjero, es difícil evitar que todo cambie. Hay que acostumbrarse sí o sí al nuevo hábitat en el que nos movemos –a no ser que te encuentres con la típica comunidad de hispanos que siempre descubre todo aquél que sale en Andaluces por el mundo en la que refugiarte y seguir comiendo paella y bailando flamenco todos los domingos…-. Total, que, por lo general, uno se acostumbra porque no le queda otra. Y es así como va formando una vida “paralela”, por así decirlo, en la que se hace con nuevos amigos, aficiones acordes a los amigos, costumbres, lugares que frecuenta, comida con los ingredientes de los que uno dispone –o se puede permitir-, olores –ya que no hay mar, nos conformaremos con el olor a naturaleza-… Pero, ¿dónde queda todo lo que éramos en aquél nuestro lugar del que nos vinimos hace apenas un mes? Pues a parte de en los amigos y la familia que, a decir verdad, poco evocan la imagen de nuestro lugar de procedencia, esas raíces se ven representadas de manera asombrosa por la música.
La música mueve a las masas, contiene mensajes e historias, evoca sentimientos, provoca a nuestra imaginación y puede ser mejor o peor, pero sin duda, la música tiene nacionalidad. Y supongo que es eso lo que me hace sentirme “como en casa” al escuchar cierta música.
Un ejemplo para aquellos a los que les ha picado el gusanillo después de leer esto: http://www.youtube.com/watch?v=hdyCgnLf7Pk
Eso sí, hay rincones que también complementan asombrosamente bien a esa música:
¡Hasta en el pueblo más perdido de Canadá!
Eso sí, hay rincones que también complementan asombrosamente bien a esa música:
¡Hasta en el pueblo más perdido de Canadá!